Proferí un quejido. Te intimidé con tu falta de respeto al medio ambiente. Qué derroche de recursos.
Con mi razón acuestas había especulado el veredicto.
Te excusaste argumentando que el chorro caliente alivia la tensión de cuello y espalda.
Al día siguiente me saludaste seca y con reparos.
El día después yo también empecé a aliviar la tensión de mi cuello y espalda.
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